Barbara Kruger

Tomado de Mando a distancia. Poder, culturas y el  mundo de las apariencias, Madrid, Editorial Tecnos, 1998, pp. 22-23.

“Quizá ya sea el momento de considerar cómo el poder se manifiesta a sí mismo en el juicio y en el dudoso candor del criterio y el gusto. Cómo el poder puede desarticular e invertir la experiencia vivida, cómo se apropia de eslóganes, contiendas y cuerpos, cómo proclama las falsas humildades del sentido común, y cómo (por lo que vemos) su miedo al cambio puede hacer aflorar torrentes reivindicativos y victimistas. En consecuencia, quizá sea ya el momento de poner en práctica una especie de generosidad, una calurosa hospitalidad que acoja en las visiones y los sonidos lo que de ellos no se ha visto ni oído: cambiar el miedo por un abrazo y reconocer que para abusar del poder primero hay que tenerlo. Y los que lo han tenido deben enterarse de quiénes son. Pero los que han sido ampliamente excluidos del poder también son vulnerables a los alicientes de sus cantos de sirena, de sus excesos y sus abusos. Así pues, la idea no es reemplazar un héroe por otro, una calidad por otra, un canon por otro, una jerarquía por otra: sino tratar de hacer una crítica más sistémica que sustitutiva, que se pregunte por los métodos de nuestra locura y se interese un poco menos en el cantante y un poco más en la canción. Quizá debamos mantenernos en perpetua vigilancia guardándonos de llegar a ser aquello que tememos. Quizá debamos primero esforzarnos en asimilar la plena amplitud y profundidad de nuestras calidades culturales y sólo entonces empezar las rigurosas elaboraciones de nuestro gusto, los nombres ungidos de nuestros juicios y las acuosas preferencias de nuestros deseos.