Anthony D. Smith

Tomado de La identidad nacional, Madrid, Trama Editorial, 1997, pp. 145-146.

“No existe una «identidad-global-en-ciernes»; una cultura global sólo podría ser un constructo desmemoriado o una división en los elementos nacionales que la integran. Pero una cultura que no tenga memoria es una contradicción; los intentos de crear una cultura global de este tipo no harían sino acentuar la pluralidad de los recuerdos e identidades folclóricos que han sido objeto de saqueo para crear este gigantesco bricolaje.

En este punto, al fin toparnos con los límites de la «construcción» y «deconstrucción» humana, porque tras el proyecto de una cultura global se halla la premisa de la cultura como constructo de la imaginación y el arte humanos, cuyo «texto» tenemos que «leer» y cuyos supuestos tenemos que deconstruir. Del mismo modo que la nación puede considerarse una «comunidad imaginada», un constructo elaborado por los gobernantes y la intelligenstia, una cultura global que es un pastiche del pasado que se apoya en la ciencia y las telecomunicaciones es el acto de imaginación más atrevido y global de la humanidad. No obstante, los textos que necesariamente integran ese cosmopolitismo, los componentes satirizados de este colage, son precisamente esos mitos, recuerdos, valores, símbolos y tradiciones que configuraban las culturas y discursos de todas y cada una de las naciones y comunidades étnicas. Son estas naciones y ethnies las que delimitan históricamente nuestros discursos. El hecho en sí de penetrar en su forma etnonacional y de cuestionar sus puntos de partida no mina su poder ni acaba con el crédito del que gozan los discursos nacionales. Ligados, como están, a las realidades del poder estatal y la comunicación cultural, los discursos étnicos y nacionales y sus textos fijan los límites a la construcción de la imaginación humana, porque en la longue durée las etnohistorias han suministrado los propios lenguajes y culturas en los que los yoes individuales y colectivos y sus discursos se han constituido, y continúan vinculando y dividiendo a los seres humanos. Imaginarse la comunidad global no es suficiente; primero tienen que surgir formas nuevas y más amplias de asociación política y distintos tipos de comunidad cultural. Y es probable que se trate de un movimiento gradual, desarticulado y en gran parte sin planificación”.