Rafael Febles Fajardo

rafaelfebles@yahoo.com

El tiempo de todos

3 de enero de 2007

En las horas finales de un nuevo año que se va, nunca está demás el deseo cumplido y los que vendrán; las horas y días se esfumaron como pájaros fugaces, de pronto el tiempo esta ahí y no lo vemos, cuando queremos detenernos y contemplar lo que hemos hecho o dejado de hacer, siempre el impoluto destino no los borra, a veces  adrede, dejamos pasar los eventos que nos marcaron y seguimos adelante sin reparar lo que nos unió para la vida, sí , esa que vivimos y no la dejamos descansar, un rosario de eventos nos suceden y estamos donde mismo, con el mismo sartén sin mango, con la misma canción de antaño; no aprendemos de nosotros mismos y ese ejemplo tampoco nos dice nada, que infelices somos cuando nos lo prometemos, no vemos la luz que se acerca y se aleja en la tardanza de la respuesta a tiempo, te das cuenta que el tiempo no lo manejamos, el nos atiborra de sucesos que no guardamos en la memoria de los días; que inútil es tratar de hacerlo sin reparar en lo que aprendimos. 

El tiempo inexorable es nuestro invento para justificar no habernos percatado de que pasó sin remedio, arte y parte; no importa hay una nueva oportunidad y qué hacemos con ella, la utilizamos para seguir en lo mismo; es el año que entra sin permiso, sin reverencia, es la lógica murphyana y nada más, de todas maneras nos contará alguien que no es de ninguno de nosotros aquel cuento de lo que pensé y no hice, o mejor de lo que hice sin pensarlo, sí, la informalidad nos trae mejores regalos, no la despreciemos, hagamos de ella un monumento a la quietud del querer haciendo o del hacer sin querer. 

Somos esclavos de los pasos que damos, no del tiempo que no aprovechamos, no es un decir, tan sólo que la nimiedad nos ataja y reduce, el mejor ejemplo el año nuevo con sus mejores guirnaldas y ornamentos, nos lo ofrecimos nosotros para nosotros, seremos más intuitivos y perceptivos, el tiempo no nos matará de espera insuficiente, tan sólo que, nos acostumbramos a dejarlo pasar como lo hicimos con el viejo, esperanzas y certidumbres, proyectos y decires como el que mejor lo va a hacer, es impropio querer ser mejores, lo seremos en la medida que el tiempo no nos devore es su transitar insolvente. 

El tiempo es el futuro hoy, no hay alternativa, discurramos con él y aprovechemos nuestro espacio en función de las cosas que queremos hacer, es la libertad ante la liberación del tiempo, ante la vida diaria, es como el zenit que imaginamos y nunca tocamos, es la copa del árbol por alcanzar y cuando llegamos qué hacemos, el olvido fútil nos deprime y desvía del verdadero sentido de lo que añoramos y no recordamos. 

Los pasos que damos en círculos a veces románticos, nos devuelven a lo primigenio, el encierro de nuestras propias determinaciones nos mantienen tras las rejas de la indecisión, somos así y así seremos; no importa lo que esté delante, allí a simple vista, nunca lo veremos si la idea es avanzar sin saber el hacia donde y el porqué, eso en todo caso es lo de menos; lo importante es vivir y no estar; lo importante es estar donde debemos de estar.