Pedro Serrano Felipe

serranofelipe@hotmail.com

Ficciones

abril de 2006  

Si pudiera volar cegando la sombra,

si alguna vez mis cenizas se esparcieran con el aire vivo,

nada mas que la penumbra que deja el amanecer cuando muere,

derretiría un palpitar ardiente.

 

Cuando la luz marca su ruta y se apaga,

brotan de la calma las más poderosas lágrimas.

Sin calma silueta, de grietas y susurros.

Pero tal vez el mar rojo abra una puerta interdimensional, donde las penas naveguen en el marchitar sereno.

 

No es cuestión de silencio, ni de sorpresa.

Es más bien negar sentido propio a lo común.

La sensatez genera sobriedad, menos cuerda que los compases que el sol alumbra.

 

Pero la ruta marcada, es irreversible,

Y el asesino de las flores no resulta menos sensato que yo. 

 

2

Me aturde el silencio de mi noche soleada,

supongo que soy el que siembra mi propio dolor,

aunque no comí su fruto.

Aún lucho contra él,

y de esa pugna surgió nuestra fusión.

De la incertidumbre que dejan los besos cuando se van,

de lo dolorosa que pasa a ser una caricia, cuando se extraña.

De la resignación que marcan unos labios secos.

 

Un motivo es suficiente para todo,

y si no hay motivo,

no hay mundo,

no menos real que las turbulentas ficciones que vivo.

Mis ficciones, mi mundo, mi universo,

me han llevado lejos hasta aferrarme a lo imposible.

Me hago creer que todo es mi culpa, la tuya,

de igual forma, no importa el creador,

solo el habitante de un mundo incoloro que me atrapa,

y aunque escapo, vuelvo a él.

Vuelvo a casa.