Mario González Valdés "El Huillimario"

Ginebra

maminigonzaval@yahoo.es

Como siempre... Libertad

enero de 2007

En este día, todos los días se han transformados en especiales, desde hace más de treinta años, (te) escribo estas líneas. 

¡Cómo ha pasado el tiempo! Como. Pareciera que fuera ayer donde nacimos en el corazón de un país que soñábamos. Ayer, simplemente un simple ayer cuando nos encontramos en el universo.

¡Cuántas utopías desde entonces! ¡Cuántos deseos de  crecer, de mejorar las cosas, de querer ir más allá de nuestros propios límites! 

Nos tocó vivir un tiempo, con hombres y mujeres que nos transmitieron el sentido de la justicia, de la percepción de la libertad, el valor de los sentimientos, de lo infinito de la igualdad, la maravillosa aventura de ser nosotros mismos. 

En este momento que te escribo me pregunto dónde quedó ese tiempo. Pareciera que fuera ayer, tan sólo ayer. Tan cerca y demasiado lejos. 

Cuesta pensar, me cuesta pensar, cuesta saber que se murieron los sueños. 

¿Dónde estás tú? ¿Dónde estoy yo? ¿Dónde estamos nosotros? ¿Dónde vives Libertad? ¿Es verdad que te eliminaron durante la dictadura? ¿Que te mataron y desapareciste en una obscura noche de septiembre? 

Dicen que te torturaron y tu cuerpo lanzado a las torrentosas aguas del Mapocho. Dicen que te mataron en un estadio y tu cuerpo lanzado en una calle vacía. Dicen que desapareciste sin dejar rastro ni seña. Dicen que te asesinaron y tu cuerpo apareció flotando frente a la costa de Tejas Verdes. Dicen que te asesinaron por llevar el nombre que tienes y tu cuerpo hecho desaparecer sin saber donde. 

Dicen que reapareces en cada temporal. Dicen que desde tu partida tu nombre se ha escrito en las paredes de la capital. Dicen que eres tú misma quien raya tu presencia en las murallas de cada ciudad. Dicen que tu nombre se talló en un monumento frente a La Moneda. Dicen que te quedaste ahí, casi en el mismo lugar donde te violaron, te ultrajaron, te pisotearon. Donde no te dejaron crecer. Donde no quisieron que fueras tú. 

Cada día es especial, sigue siendo especial. Como siempre. 

Ese ayer, sabes, sigue siendo hoy. 

Sé que sigues escuchando la misma música, que sigues pensando en aquel país, en la imaginación del tiempo, de tus ideas, tan reales como tú misma existencia. Sigues escribiendo el mismo nombre en cada verso que escribes, que pintas con los mismos colores, de cuando, en una noche de abril, pintaste aquella muralla en una avenida de Temuco; que continúas corriendo los cercos, contra la intolerancia y el olvido, los mismos que corrías al lado de tu pueblo en una primavera en Cautín; que continúas rayando clandestinamente, tu recuerdo, en el duro y frío cemento  de alguna calle exiliada. 

Sé que sigues ahí, en el mismo costado de la barricada, al lado izquierdo de tu recuerdo. 

Chile, Nicaragua, Vietnam, Perú, Colombia, El Salvador, hoy Irak son espinas que atraviesan tu corazón. Como el hambre en África. Indignada por un loco que cree ser dueño del mundo, sembrando de sangre la tierra para masturbarse con su maldito y maloliente petróleo. El, ése mismo,  quien mató a tu amigo Sergio, en ese barrio de Bagdad. 

Sé que sigues por la misma senda, la que comenzaste a caminar hacia los mediados de esa década maravillosa. 

Se que continúas escuchando a Los Beatles, a Joan Baez, al Quila, a los illapu, al Inti, a Los Jaivas, a la Violeta, a Viglietti, a Zitarrosa. Admirando al Che Guevara, a Fidel, a Miguel, Allende el océano. Sigues inquieta, apasionada, preocupada por tu tierra y por el futuro del mundo. 

No vas a cambiar. Sé que ya no eres la misma. Nada es igual. Ese camino de tierra, te recuerdas, ahora le pusieron pavimento. Por ahí sigues caminando. Por ahí huiste de la represión. Por allí mismo has seguido escribiendo, pintando, cantando, rayando. Como siempre. 

Sé que sigues con vida. Lo suficiente para saber que sobreviviste. Te admiro, como admiro a los que por tu nombre, cayeron, y a todos aquellos, como tú, que siguen vivos, siguen viviendo con sus puños apretados prestos a dar batallas. 

De mi parte que quieras que te diga. Sigo escribiendo, ya lo ves. Sigo peleando, renegando, despotricando por la frontera de la ausencia. Lo más terrible de todo esto, es que cada día voy perdiendo la oportunidad de manifestar mis ideas. 

A veces me baña la nostalgia, es más bonito que escribir tristeza, aunque tristeza suene más poético. En otras es la "depre", por cierto lado, se parece a la "repre", ambas limitan a la persona humana. Y al final, siempre habrá algún momento de alegría, por muy pequeño que sea, como cuando liberaron a Mandela y áquel, sobretodo  áquel, cuando supe que vivías. Esos instantes por pocos que ellos sean, los aprovecho al máximo para que no se escapen...como el de aquella noche de octubre, cuando levantaste tu voz para decir NO, para que se fuera el dictador. 

El mundo no mejoró mucho, sociológicamente hablando, desde la época en que comenzamos a comprender su existencia. El tiempo pasa. Nos queda el recuerdo de esa aventura maravillosa, como abrigo, para no olvidarlo. Nos va abrazando, nos va llevando. En esa época nos formamos, crecimos, nacimos como personas humanas. Vivimos. 

Como tú, confieso que he vivido. 

A veces, como ahora, recuerdo tu mirada, creyendo, como siempre, en el valor de la sinceridad, en el compromiso, en el respeto y la dignidad humana. Te admiro compañera, igual que ayer. Sigues ahí grabada en el mundo de tus ideas, defendiendo lo posible y lo imposible, la Revolución. 

Por lo imposible la hiciste más bella, más inalcanzable. Pienso en todos aquellos que la admiraron como tú. En los que protestan, en los que no se conforman con el actual estado de cosas, en aquéllos que viven pensando que todo aún es posible.  En los que viven luchando por la justicia, en los que levantan y levantaron los fusiles contra la injusticia, en los que defienden tus ideas. En los que no olvidan y que levantan la barricada cada día para combatir el silencio y el olvido. 

Estas manos que te escriben. Esta mente que lleva el papel, llevan esta treintena de años, y algunos más, florecidos desde entonces. Seguimos viviendo, sobreviviendo, intensamente, con la misma pasión, con las mismas utopías, las nuestras. Que linda palabra, utopía!  

Lo que me alegra es que tú, con tu eterna añoranza juvenil, sigues siendo igual, no la misma, pero igual. Como siempre compañera, como siempre. 

A veces hay momentos  como el de ahora, donde me pregunto que tienes tú, que no tenga yo. O el eternal porque de todo este tiempo. Pasado, presente. Ayer es ayer y sigue siendo hoy. ¿Por qué? 

La respuesta está lejos. Está en esas primeras estrofas que escribí. Nos tocó vivir un tiempo que lo seguimos viviendo, si vivimos lo conservamos, si conservamos mantenemos viva la esperanza. Fue nuestra razón de vivir. Lo  sigue siendo. Existimos, seguimos existiendo. 

La ausencia, la lejanía, el exilio, no hizo olvidar. Por ello estás allí, estás aquí. Te hiciste mía, perduras protegiéndote para no estar ausente ni ignoren tu existencia. 

Chile ¿sabes?, está lejos y lo tengo cerca. Lejos por la distancia, cerca por que su ayer todavía es hoy. No es igual, tampoco lo soy yo. Aquí cerca, quien escribe, sigue siendo el mismo, el mismo de ayer como siempre.  

El Chile de entonces es el que tenemos y perdura en esta lejanía. El otro. El que está entre la cordillera y el mar, es otro, está en la distancia, está en la ausencia, demasiado lejos para ser una verdad. No son los kilómetros, no los océanos que los distancian, es su recuerdo, el de ese ayer. Sigue existiendo, como nosotros, seguirá viviendo, como nosotros, seguirá presente en nosotros. 

Para algunos quedó en lo imaginario, para nosotros sigue existiendo en el recuerdo, en el no olvido. Es éste que sigue existiendo, que perdura en cada día, en cada hoja que el tiempo lleva. Al igual que tú, Libertad, al igual que tú. 

Dicen que te transformaste en la más hermosa de las utopías. ¡Que linda eres! ¡Que hermosas son las utopías! Me dijiste alguna vez que son ellas las que han hecho caminar al mundo. Por ello es que te quiero. Utopía es pensar, amar, crear, sin ella nunca hubieras sido tú ¿Me comprendes? Nunca hubiéramos podido estar juntos en este lado de la barricada. 

¿Soñar? Sí, nunca dejé de soñar. Por un tiempo me pareciste que estabas demasiado lejos, inalcanzable, imposible, hasta el de pensar que tú me habías olvidado, que te habías muerto, que estabas desaparecida, que no estabas, que te habían hecho desaparecer, en fin tantas cosas hasta convertirte en una utopía imposible. 

Vivimos un tiempo, convivimos una época donde dimos razón a la existencia, fue entonces cuando a tí me abracé para nunca dejarte ir. Ahí estás, sigues a mi lado, protegiendo y conservando lo que fuimos. 

Sabes, tú bien lo sabes, la vida es un camino, un viaje. Un comienzo, un final, físicamente hablando. Hay otro que no acaba, el de la memoria, no termina, no acaba, seguirá existiendo como tí. El mío, ése que dí con mis pasos ya va camino hacia el final. Por ahí van mis recuerdos, los que compartí contigo desde aquellos años inolvidables, te acuerdas, ese tiempo que oíamos al Pato Manns cantando "Arriba en la Cordillera", seguirá existiendo, al final, el en el recuerdo y para no olvidar nuestras existencias. 

Cuando me vaya, me llevaré parte de tí, la otra parte será nuestra memoria luchando contra el olvido. Tú guardarás esas utopías que me enseñaste a descubrir, conocer y hacerlas realidad. Tú cuidarás ese ayer, como siempre.  

No hay mañana sin ayer. ¿Hoy que es? Simplemente que ese ayer existe. 

Te doy gracias compañera por haber compartido este largo camino contigo. Contigo fui feliz, cuando llegue al final de la cumbre, quiero que sepas lo tanto que te amé en una permanente pasión. Me iré sin temores, salvo aquél, de mis sueños, no quiero que mueran conmigo, como tampoco los nuestros. Los de aquella maravillosa aventura, la de querer ser nosotros, nosotros mismos, como siempre. Sí es así seguiré viviendo para transformarme, contigo, en una gigantesca pedrada contra la injusticia, el olvido y la intolerancia. 

Libertad, mi Libertad, que lindo nombre te pusieron, te digo que será en aquel momento que podré marcharme, sabiendo que hicimos verdad, que hice verdad, nuestra utopía. Que sigas tan joven, viviendo intensamente, como todo el tiempo que has vivido. Sigue escribiendo, cantando, pintando y rayando tu nombre para que no te  olviden. 

No quiero decirte adiós, no quiero, no puedo. Tampoco despedirme. Hace una treintena de años, y algunos más, me llevaste a iniciar este camino que nunca ha acabado, seguirá su curso aunque sigan cubriéndolo con el frío pavimento del olvido. 

No hay adiós, como nunca habrá adiós cuando nos hemos amado tanto, como yo a tí te amé, desde aquel  instante cuando pusiste en mis manos aquella bandera roja y negra, la de nuestra pasión. 

Para tí compañera, la de las infinitas cosas, un abrazo grande, por haber compartido y complementado contigo esperanzas y utopías, aquellas del compromiso de haber marchado por la misma senda y haber sido fiel a mi promesa de no olvidarte y de de haber levantado tu bandera. 

Como siempre, compañera. 

Como siempre, Libertad.