Andrés Bianque

Poeta chileno

andresbianque@hotmail.com

Resistencia

(Del libro, Poesía en Luto) ISBN 91-973558-0-X

Publicado en agosto de 2006        

Lo que me quede de vida para el pueblo
Lo que me quede de muerte para sus explotadores

 

(Villa Grimaldi, Taller Orletti, Guantánamo, y tantos otros…Vergüenza mundial) 

 

No. No. No.

No estoy aquí. Ni siquiera tu mirada me toca.

No estoy aquí.

 

Estoy en otra parte. Lejos. Limpio y lejano. En letanía.

No escucho nada. Tu voz está muerta. Y como muerta no me atormenta.

Tu voz no es más que un fantasma que no produce miedo, sino tristeza.

No te oigo. No necesito escucharte.

Tú estás ocupado con mi cuerpo. Tú estás.

Pero yo no. Yo no estoy.

 

Y está frase o verso o hechizo o conjuro me lleva.

Me toma, me pone a salvo. No estoy aquí.

Me hace indestructible. Me hace inalcanzable.

Me hace árbol contra tu parrilla eléctrica.

Me hace roca contra tu látigo forrado de costras.

 

Y es que no estoy aquí. Estoy mirando la noche.

O mejor que eso, yo soy la noche, yo hago la noche.

La venda que cubre mis ojos, no es más que una bufanda tejida

De crepúsculos, no es más que un pañuelo bordado de eclipses.

Sólo veo oscuridad. A pesar de mis ojos abiertos.

Y entonces dejo que mis ojos duerman, mientras yo sigo despierto.

 

Dirijo mi cabeza hacia arriba, hacia el cielo y sólo veo noche cerrada y sin estrellas.

Ni una sola, ni un mísero lucero.

Y bueno, no podría ser de otra forma.

Cientos de estrellas, de pie, tumbadas, acostadas, acurrucadas, torturadas

Miran desde esta ergástula hacia el infinito.

 

Noche sin estrellas, gotas de luz enterradas en cavernas.

 

Y que este amordazado no significa que no pueda cantar.

Que hayas pisoteado el papel de arroz de mis oídos

No significa que no pueda escuchar a mis compañeros.

Que no tenga pinceles, ni lápices, ni mis manos puedan huir

De tus tenazas de plástico o de acero, no significa que no escriba versos.

No significa que no pueda dibujar el rostro de los mares.

 

Que no tenga alas, no significa que no pueda volar.

 

¿Entonces?

 

No. No. No.

No estoy aquí, ni siquiera tu mirada me toca.

Tú estás ocupado con mi cuerpo.

Atareado aceitando tus herramientas.

 

Yo no estoy, hace rato que no estoy. Hace rato que ando por otros lados.

Ando dando batallas allá lejos, allá donde te tiemblan las manos.

 

Hace rato que soy caballo de polen.

Hace rato que soy hoja perenne de árbol gigante.

Hace rato que soy mariposa de viento.

Hace rato que soy tigre de mar y león de nube que tu mano ensangrentada

Nunca podrá tocar.

 

Invoco las palabras y en la boca de mis sueños se hacen fuertes

Me hacen fuerte.

Palabras envueltas en llamas, palabras envueltas en desierto, selvas y bosques

Indestructibles, Insurgentes y Rebeldes.

Ni todo el oro del mundo puede aplastar el corazón de un hombre justo.

Repito las palabras. Y las palabras me repiten.

No, No estoy aquí.

 

Repito las palabras y con ellas se agiganta mi sentir, se levantan mis convicciones

y vuelo alto con los pájaros que me traen el canto de mi gente y de mi pueblo.

Repito las palabras y me hago fuerte en este momento de azotes.

Hace rato que ando por otros lados.