Alma Aparicio

poetisa chilena

Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile, Investigadora literaria, Diplomada en gestión Cultural (U. Arcis)              

Gestora, fundadora y presidenta de la Agrupación de Escritores de Cerro Navia, Comuna de Santiago de Chile

Octubre rojo (A Nelson Curiñir L.)

Del Poemario Soy de verde y lluvia

Libertad es sólo la palabra

volando en alas de lo incierto.

Libertad es sólo suave brisa

arrastrada y diluida por el viento.

Libertad, aquí en la tierra es utopía

y la justicia una quimera,

las conciencias se venden, noche y día,

en el poderoso mercado del dinero.

Estos serán

los últimos versos que te escriba

para darte un adiós definitivo.

No lloraré neroniana muerte,

no lloraré sobre tu sangre derramada.

Te nombraré en susurro.

Te buscaré en mi mente.

Trepidante encontraré en mi pecho

tu faz encendida de la infancia.

Alzaré un altar

revelado en luz y transparencia,

sobre pétalos azules, a tu vida descuajada

que gota a gota se bebieron.

Besaré tus brillantes ojos negros

perpetuados en lo infinito de mis noche.

Te llamaré en el silencio más sagrado

 para que no te dañen nuevamente.

No quiero tu cuerpo, en mi mente, ver inerte.

Oír no quiero el disparo de fusiles,

ni el sordo rugir de la metralla.

No quiero que dos veces te asesinen.

Apagaron la luz de tus pupilas,

acallaron la risa de tus labios.

Acribillaron a mi toqui más amado,

mutilaron a mi roble milenario.

Estos versos son registro de tu historia

Nelson Wladimiro, dicen que estás muerto,

koyán, presente por siempre en la memoria,

perpetuado en el bosque, en el viento

y en la mente de todos tus hermanos.

Con la letra que brota de mi mano

y con la tinta que fluye de mis ojos

inmortalizo tu nombre, compañero,

caído en el fragor de octubre rojo.

Hermano, tu newen, va con mi destino,

nace y renace entre tu gente y

 se esparce con la lluvia en los caminos.

La legaste, a tu pueblo, con tu muerte.

Mis últimos versos que te escribo

los canto con el alma entristecida.

Sus notas arrancadas de un violín

son gemidos de congoja desmedida.