Frank García

Cuadernos Nuevo Sur Sudaca

N° 21-22, julio-diciembre 2006

Venezuela: postergar el debate, dar el debate, construir la unidad en medio de las contradicciones

Las Pariatas, septiembre de 2006

La permanente y alerta mirada hacia adentro, hacia las entrañas de la revolución, su pensamiento, sus actitudes, sus ideas y proyectos, sus avances y contradicciones, en constante revisión de su devenir, es imprescindiblemente saludable para la revolución misma, su causa y su cauce.  La batalla de las ideas constituye el combate quizás más importante, que no puede dormir ni aunque la arrope lo inmediato de una u otra coyuntura. 

Algunos hechos dan idea de las tremendas contradicciones existentes al interior del  Movimiento V República y en general, en lo que se ha dado en llamar el Bloque del Cambio. Algunos están signados por lo inoportuno y nos colocan frente a un cuadro complejo que debe ser analizado con la seriedad y sindéresis necesarios para no contribuir en sembrar el desaliento entre esa muchedumbre cuya esperanza está puesta en el avance del proceso que se hizo gobierno en el último año del siglo pasado. 

Pensar una Revolución sin lucha política e ideológica es un absurdo, por tanto no debemos tener miedo a la lucha de ideas en un proceso de cambio auténtico; ya retaba el camarada Mao Tse Tung: “que se abran cien flores y florezcan mil corrientes del pensamiento”. Ahora bien, la lucha por una sociedad nueva supone una permanente vigilancia y no podemos permitirnos confusiones si las contradicciones devienen de una “lucha de ideas” o son una simple lucha grupal por intereses. Saber distinguir entre una cosa y otra no es siempre fácil y no podemos perder de vista la acción del enemigo que puede colear e inflar contradicciones a fin de avanzar en sus políticas y en sus deseos de recomponer el viejo Estado. 

De cualquier manera, un fuerte debate de ideas se avizora para el futuro mediato. En el centro de él estará la cuestión de ¿a dónde va la Revolución Bolivariana una vez se reafirme en el gobierno con las elecciones de diciembre de 2006?. El debate al respecto y sus implicaciones prácticas necesariamente ha de ser postergado para el momento postelectoral, por lo menos el debate abierto; no obstante ello y a lo interno debemos ir haciendo algunas precisiones: Por lo menos tres corrientes de pensamiento pueden ubicarse al interior del proceso. 

Una corriente Socialdemócrata

 

Posesionada de la Asamblea Nacional y de muchas Alcaldías e instancias públicas, esta corriente es numéricamente muy fuerte pero sus planteamientos están más cercanos a la socialdemocracia europea que al socialismo. Aspira ampliar los derechos ciudadanos pero alejándose de cualquier planteamiento anti-sistémico.  Muchos de los dirigentes de esta tendencia han sido tocados por el burocratismo, la corrupción y el desclasamiento social. 

Un factor Militar-desarrollista

No se trata de lo planteado por Heinz Dieterich Stefan en el Foro Social Europeo celebrado en Atenas en mayo de 2006, donde afirmó que “no se podía hablar de Revolución en Venezuela, porque el gobierno del Presidente Chávez sólo puede caracterizarse como de desarrollista”. Una afirmación como esta totaliza una realidad que es mucho más compleja y que tiene importantes construcciones socializantes e igualitarias; pero tampoco podemos desconocer que dentro del chavismo existe una fuerte corriente desarrollista, agrupada alrededor de elementos provenientes del mundo militar, y que hoy por hoy controlan varios Ministerios, Institutos Autónomos, en fin, buena parte del Estado y que por lo demás muestra una clara vocación de poder. Esta corriente está bastante distante del socialismo y avanza aceleradamente al control político. Ha hecho un sólido piso económico sobre la base del abuso de poder y la corrupción. 

Los Factores Socialistas

El socialismo es el pensamiento de menor penetración entre el pueblo chapista, independientemente de que a partir del momento cuando el Comandante Chávez señala en el Foro Social de Puerto Alegre que el carácter de la Revolución Bolivariana es necesariamente socialista; ha habido una amplia difusión del socialismo como consigna. Socialismo del Siglo XXI, Nuevo Socialismo y cualquier otra denominación circulan, sin mayor definición de las mismas. De todas formas, el viejo y el nuevo socialismo están presentes en el proceso con poco peso cuantitativo y cualitativo. Es por demás una fuerza dispersa, dividida en muchos factores y donde también tal vez en forma temprana se inicia la lucha por la hegemonía.  

Aparato burocrático del Estado, presencia de la derecha histórica 

Hemos pretendido identificar las grandes líneas de pensamiento que se expresan al interior de la Revolución Bolivariana, pero no podemos dejar de observar  que en el caso del aparato estatal, estas tendencias conviven con una fortísima presencia de la derecha histórica en todas las Instituciones del Estado. En la actualidad, las políticas conciliadoras siguen incorporando a connotados representantes de la oposición, a  elementos de los más acérrimos persecutores de los revolucionarios en otros momentos y en general a “escuálidos” de diferentes plumajes. 

El liderazgo del Presidente, “los equilibrios”, la precaria unidad interna 

Hasta el presente, estas corrientes no se han manifestado en forma nítida en tanto y en cuanto se han comportado más como grupos de intereses que como unidades con pensamiento ideopolítico en lucha, y porque sobre ellas ha gravitado un poderoso factor de unidad, a saber, el fuerte liderazgo de la figura fundamental del proceso. En efecto, la fortaleza de Hugo Chávez ha resistido la presencia de factores disímiles que giran en torno a él y sus consiguientes incoherencias políticas; más aún, manejándose sobre la tesis de poner en práctica “los equilibrios políticos” tanto en lo nacional como en lo internacional, su proyección ha alcanzado niveles no logrados por dirigente alguno en nuestro continente, a excepción de Fidel Castro, cuya condición de ser el político más relevante de la segunda mitad del siglo XX y de los inicios del XXI, no está en discusión. Ahora bien, la Revolución misma empujará indefectiblemente al debate de ideas, sobre todo en la medida en que se haga necesario caracterizar, definir y señalar los elementos constitutivos de eso que se ha dado en denominar “el socialismo del siglo XXI”.  Para muchos está claro que ese momento se ubica inmediatamente después de las elecciones. 

Discusión teórica y organismos sociales 

Los innumerables organismos sociales que ha venido conformando la Revolución Bolivariana estarían llamados a jugar un papel definitivo en la construcción de la Nueva Sociedad en Venezuela y de ellos debería surgir la creación colectiva que trace el rumbo teórico del futuro; empero la inexistencia de una clara línea para el trabajo social conlleva a una serie de problemas en el desarrollo de los órganos de poder popular.  

Veamos por ejemplo lo que acontece con los Consejos Comunales. Definidos como: “Artículo 2. Los consejos comunales en el marco constitucional de la democracia participativa y protagónica, son instancias de participación, articulación e integración entre las diversas organizaciones comunitarias, grupos sociales y los ciudadanos y ciudadanas, que permiten al pueblo organizado ejercer directamente la gestión de las políticas publicas y proyectos orientados a responder a las necesidades y aspiraciones de las comunidades en la construcción de una sociedad de equidad y justicia social”; a través de la Ley promulgada apenas cinco meses atrás, ya casi no se habla de ellos. Lamentablemente con la dinámica electoral o electoralista han pasado a un segundo plano; en realidad tampoco fueron en ningún momento la tarea prioritaria de los partidos del proceso. De tal forma, la suerte de  los Consejos Comunales no pareciera distinta a la de los Círculos Bolivarianos o a la de las UBEs etc. 

En algún momento habíamos tenido la sensación que andábamos en el camino cierto de la construcción de la red social que diera el sustento estratégico a la revolución, pero la inconsistencia teórica de la dirección existente conlleva a un permanente cambio de directriz en el trabajo de construcción política. Esta circunstancia hace más urgente y pertinente que aquellos organismos que han surgido desde la base de la sociedad asuman la rectoría de un debate inevitable e impostergable más allá de esta coyuntura. Esto es más cierto si tomamos en cuenta que en el ánimo del pueblo bolivariano no está planteado para nada retroceder al pasado. 

El futuro inmediato supone: 

1.- Postergar cualquier discusión abierta y pública hasta luego de consolidar un aplastante triunfo electoral del Presidente Chávez.

2.- Trabajar sin ambigüedades en las tareas electorales.

3.- Prepararse para un gran debate teórico-práctico que enfrente las posiciones de derecha; léase: socialdemócratas y/o desarrollistas-militaristas.

4.- Dar la batalla por el SOCIALISMO EN EL SIGLO XXI que presupone una construcción teórico-práctica de carácter colectivo, en serio rechazo al facilismo petrolero, la corrupción y el burocratismo. Priorizar por el estudio de la sociedad venezolana, la elaboración teórica que dote de sustancia la tesis socialista y por el trabajo con y desde abajo.

5.- Organizarse paciente y silenciosamente; nunca dejando de lado la idea de construir la unidad del pueblo pero sin rechazar los retos de la lucha social y política.

6.- Respaldar entusiastamente el planteamiento del Presidente Chávez de la Gran Patria Latinoamericana, extendiendo la unidad, más allá de “los Estados”, a los pueblos y los movimientos en lucha independientemente de la forma que esta asuma.