Cuadernos Nuevo Sur Sudaca

N° 21-22, julio-diciembre 2006

Editorial

Difícilmente puede imaginarse un momento más enrevesado en la historia humana que este que vivimos. Tanto si hablamos de la situación nacional como si consideramos la internacional, las cuales además, están tan interconectadas como nunca antes, tanto en términos de inmediatez como de complejidad. 

En efecto, la sucesión de conflictos en que nos hemos visto envueltos los venezolanos desde 1989 con el sacudón del “caracazo” popular contra el primer paquete de ajuste estructural neoliberal del FMI aceptado por el gobierno de entonces (el betancourista de Carlos Andrés Pérez) sometido al “fatalismo geopolítico” (respecto al diktat del imperio)  dio lugar a los intentos de rebelión militar de 1992, inspirados en el pensamiento independentista de Miranda, Bolívar, Rodríguez, Zamora, que calaron hondamente en el imaginario popular.  De esta confluencia cívico militar surgió el movimiento organizado de protesta a través del MVR-200 y de la reafirmación de las viejas formaciones de izquierda  –que enfrentaron el neoliberalismo democristiano de Caldera y lograron el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998, en una suerte de milagro inesperado.   

En verdad, la gran sorpresa provenía de la aparición repentina, como protagonista, del grueso de las gentes más humildes de nuestro país, hasta ahora sumisas o ajenas a la contienda política.  Este súbito despertar de las masas es lo que marca el nuevo tiempo del acontecer venezolano, personificado en Chávez, quien sin duda ha sabido encarnarlo a cabalidad, convirtiéndose en caudillo militar popular sui géneris, adquiriendo además en el trayecto la capacidad y las habilidades para situarse en las redes internacionales, ascendiendo en ellas a las cimas de la celebridad global. El protagonismo nacionalista chavista, aunado a la reevaluación de las inmensas reservas petroleras de la faja del Orinoco y la explotación de las gasíferas, convierten a Venezuela en el país con mayor potencial de extracción de hidrocarburos, cuando su producción se acerca al clímax a nivel mundial  -lo que es el anuncio de una crisis energética ineluctable ante una demanda sostenida por China e India.  Especialmente, coloca a Venezuela, que siempre había sido proveedor privilegiado y seguro de EEUU, que sigue siendo primer importador mundial, en el polo opuesto a éste, como principal contendor y campeón del Sur, fortalecida su alianza en la OPEP.  

Chávez se ha convertido en el personaje más indeseable para el gobierno de Bush, no sólo por su política petrolera que ha usado como instrumento de integración social latinoamericana, sino también porque se ha vuelto principal cuestionador del orden político-social, económico y financiero mundial regido por USA, comenzando por el sistema de las NNUU, consiguiendo movilizar el aletargado movimiento de los No Alineados, revitalizando la lucha del Sur por un nuevo orden internacional. 

A esto se suma la delicada situación económica y financiera de USA, con la mayor deuda externa del planeta y los dos colosales déficits  -comercial y fiscal- que lo afectan, amén de su debilitada capacidad productiva en las otras ramas de punta  -energía y automóvil- acentuada por las prácticas de outsourcing que han llevado a exportar gigantescas inversiones a países como China e India, en busca de mano de obra barata y en detrimento de la propia.  La “solución” de Bush, el keynesianismo bélico y la conquista del petróleo en el Medio Oriente  -con énfasis en Irak-  si bien  le ha permitido inflar sus fuerzas armadas y mercenarias y los negocios del eje militar industrial, ha sido a un costo en exceso oneroso, llevando el presupuesto militar de USA a 447MMM$ para el 2007, cifra monumental que incrementa el déficit y obliga al gobierno a emitir más bonos del tesoro. Este círculo vicioso agravado por la enorme deuda hipotecaria de las familias norteamericanas, debilita cada vez más al dólar, carente de respaldo, y conduce a los inversores al euro y demás monedas alternativas que se perfilan en el horizonte. 

Por otra parte, la invasión de Irak, en lugar de aumentar la oferta de petróleo, ha tenido el efecto opuesto.  Los excesos de liquidez y la sobreinversión especulativa evidentes hoy en el mundo, amenazan sobre todo a lo que había sido la moneda reina del mercado mundial.  Una ironía impensable hasta ahora, es que el principal soporte del dólar es la inmensa suma de bonos del tesoro de USA en manos de las autoridades chinas, cuyas reservas monetarias se acercan al billón de dólares. La “lógica” de esta realidad extraña es que si China retira esos fondos, puede provocar el derrumbe del dólar y con ello, ipsofacto, la caída del principal mercado para sus exportaciones (que son una fracción importante de su producción). A esto se lo está llamando en la jerga de negocios “el equilibrio del terror financiero”. 

Algunos autores (tales como Manuel Mariña Muller, en su libro Imperialismo Petróleo y Profecías) sostienen que la verdadera causa de la invasión norteamericana a Irak estuvo en la decisión de  Sadam Hussein de cobrar sus ventas de petróleo en euros en lugar de dólares. Tal sería también el motivo de la hostilidad abierta de USA contra el nuevo jefe Iraní,  Ahmadineyad. Debe añadirse el anuncio reciente de Putín de querer cobrar su petróleo y gas en rublos, para restablecer esta moneda como divisa reconocida internacionalmente. Es bien sabido que buena parte de los hidrocarburos rusos, privatizados por la mafia de ese país, ha retornado a manos del Estado. Fue lo ocurrido con Yukos, la principal empresa petrolera. Estos conatos de las potencias petroleras pueden ser el preludio de lo que está por ocurrir. Los propios chinos, que fueron anfitriones de las cumbres últimas de la OMC, y de autoridadades del FMI y del Banco Mundial, han expresado preocupación sobre la perspectiva de inestabilidad financiera. Una de sus publicaciones especializadas decía que si se desacelerase  el ritmo de crecimiento de la economía de USA -que es lo que está ocurriendo- la tasa de incremento del PIB chino podría caer del 10% actual al 5 o 6 por ciento, lo que comportaría un desastre para ellos. 

Los últimos pronósticos sobre la economía de USA apuntan hacia el año venidero como el del aterrizaje forzoso, más o menos violento.  Ya desde el segundo trimestre de este año la desaceleración se hizo presente con tasas de 2,6% para el crecimiento del PIB y del consumo, y caída del 2% para los bienes durables.  Amén de las crisis que afectan las líneas aéreas y al turismo, las cifras preliminares para el tercer trimestre no son mejores, acentuando las expectativas para una caída abrupta. Por estas mismas razones, el dólar inspira cada vez menor confianza y los inversionistas se están apartando de él (tal como lo ha hecho Soros), por lo que parece no tener salvación. 

Por eso, en los países del Sur, y especialmente en Sur América, ha cundido la idea de una moneda propia y un banco del Sur, como alternativa al Banco Mundial y al BID, así como al abandono del dólar y del Fondo Monetario, rompiendo con la dependencia a que nos han impuesto desde 1945. 

Este Banco de Sur América debería ser un Banco Central de los bancos centrales nacionales, regido por los gobiernos de los países miembros, con facultades para centralizar y manejar las reservas monetarias internacionales, los tipos y controles de cambio, emitir la moneda común, servir como prestamista de última instancia y manejar las tasas de interés y los mecanismos de créditos, a fin de impulsar el desarrollo humano y ambientalmente sustentable de nuestra América. La experiencia Europea en la creación del euro y del Banco Central Europeo puede servirnos de guía para el lanzamiento de nuestra moneda y nuestro Banco del Sur, cuidando la diferencia esencial de que este se trate de un banco solidario alternativo al sistema nórdico  FMI-BM. 

Otro conflicto Norte-Sur que está a punto de estallar es el de las migraciones, en que las potencias tanto europeas como estadounidense pretenden impedir la llegada de los desvalidos sudacas, en el caso de USA con un nuevo muro que cierre el paso a los latinos, negándose a reconocer sus derechos básicos, tratándolos como maleantes y terroristas. Mas, ahora, por primera vez, los inmigrantes se han organizado y levantado en un movimiento sin precedentes que despierta la solidaridad latinoamericana y su espíritu de lucha. 

El involucramiento del gobierno de Venezuela en todas las aristas de la causa del Sur, le ha atraído la hostilidad más abierta y agresiva de los poderosos actores del Norte, incluso las multilaterales financieras. El jefe del FMI se comenta en el artículo “¿Por qué seguimos en el FMI y en el BM?”, en esta misma edición; la de Wolfowitz, capo del Banco Mundial, se manifiesta en un reciente informe sobre dónde hacer “buenos negocios”.  Nuestro país aparece en el último lugar. 

La osada intervención de Chávez en la cumbre de la ONU y la candidatura de Venezuela al Consejo de Seguridad han llevado la pugnacidad hasta su grado máximo, el riesgo de agresión que sufre el país es por ello evidente. 

Chávez ha demostrado con el referendo, por ejemplo, que le gustan los retos difíciles. El temor a la confrontación con el imperio, sembrado por el “fatalismo geopolítico” de Betancourt, puede restarle apoyo en la coyuntura electoral que vivimos.  No menos contrario a las corrientes heredadas de la cuarta república son los llamados al “socialismo del siglo XXI” y la aproximación a la Cuba de Fidel Castro. Por lo visto, confía, sin dudas, en las capas más pobres que suman más de las cuatro quintas partes de la población, las más favorecidas por su política social alimentada por el generoso gasto público donde su “arrastre” es ostensible, y que parecen dispuestas a “echar el resto por su revolución”.