Oscar Rotundo

Cuadernos Nuevo Sur Sudaca

N° 20, abril-junio 2006

El imperialismo y el conflicto inevitable

Corresponsal de la Agencia Bolivariana de Prensa y Secretario General de la Coordinadora Continental Bolivariana, Oscar Rotundo, de nacionalidad Latinoamericana y activista en las comunidades de base del Municipio Miranda en el Estado Falcón de Venezuela, apunta hacia la formación ideológica como herramienta fundamental de la resistencia revolucionaria y por ende, de la consolidación de la “eutopía” (utopía real) de América Latina. 

Desde 1823 los EE.UU. vienen cumpliendo con el designio maldito de intervenir en la vida de los pueblos de nuestra América para saquearlos y someterlos a su política depredadora. 

Varios son los terrenos sobre los cuales actúa el imperio saqueador que, como lo planteara nuestro Libertador Simón Bolívar, con la excusa de actuar en nombre de la libertad, actúa contra la autodeterminación de los pueblos para plagar de miseria su futuro. 

Y decimos varios, pues solo se tiene en cuenta, por lo general, el terreno económico de la política imperial, descuidando o no advirtiendo el aspecto ideológico que permite la continuidad de la expoliación capitalista. 

La ideología es para la revolución bolivariana el campo de batalla más espinoso, pues en él se dirimirá la construcción de la nueva sociedad y el destino de la revolución. 

La lucha entre la ideología dominante y la conciencia revolucionaria y bolivariana, forma parte esencial de la lucha antiimperialista, pues lo que está en juego es, ni mas ni menos, la característica que le imprimiremos al proceso de acumulación de fuerzas para el enfrentamiento de dos proyectos que son antagónicos y que, pronto, protagonizarán un conflicto que tomará proporciones continentales: de un lado, los pueblos oprimidos durante siglos, del otro, el imperialismo y sus aliados.  

Cuando el presidente Chávez denuncia la desestabilización e intervención por parte de EE.UU., no se refiere al territorio venezolano, pues el alcance de la revolución bolivariana afecta e involucra intereses que trascienden sus fronteras implicando actores que, a la hora de la confrontación militar, tomarán parte del mismo.  Y no sólo me refiero a otros gobiernos, sino a los pueblos de nuestra América que han visto en la revolución bolivariana la concreción de los sueños de autodeterminación por los cuales luchan desde hace siglos y que requieren de nuestra parte la mayor atención y solidaridad, pues si la confrontación se da en cualquier país hermano no podríamos permanecer impasibles.  

Hoy el pueblo haitiano vive el terrible acoso de la agresión yanky barnizada como “misión de paz”, situación que parecemos ignorar todos; hoy le toca a Haití, mañan  ¿a quiénes? ¿a Venezuela?, ¿acaso Bolivia?. 

Es necesario que comprendamos que, sin negar las expectativas positivas que genera la transformación del mapa político latinoamericano con la incorporación de gobiernos progresistas a un nuevo bloque de poder regional, el peligro que representa para los intereses del imperialismo la actual realidad, hace que las posibilidades de confrontación bélica estén más presentes.  

No planteo esta apreciación de manera alarmista, sino desde la urgencia que requiere el construir una subjetividad combativa y militante que destruya esa ideología perniciosa instalada en muchos compañeros según la cual la revolución no es una responsabilidad de compromiso, sino un chance para mejorar económicamente sus condiciones de vida.  Sin negar la deuda social que la revolución tiene con el pueblo (vivienda, educación, salud, trabajo, etc.) el reto por la defensa de la soberanía y la independencia del atroz imperio se nos presenta como la principal dificultad a vencer.   

Esta toma de conciencia es prioritaria, pues vistos los recientes sucesos políticos (el triunfo de Evo Morales, por ejemplo) el imperio sintiéndose acorralado como una rata por los gatos, intentará agredir con saña para seguir perdiendo el control de sus dominios. 

Para abordar esta realidad transformadora debemos repensar nuestro papel en la revolución, ahora más que nunca, la consigna debe ser ¡no hay mejor forma de alcanzar la libertad que luchar por ella!.