Eric Toussaint

Cuadernos Nuevo Sur Sudaca

N° 20, abril-junio 2006

Utopía para romper la espiral infernal de la deuda

Presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), el politólogo Eric Toussaint publicó en junio 2005 un libro titulado  La Bolsa o la Vida. Las finanzas contra los pueblos donde trata in extensu el tema de la perversa espiral de la deuda eterna que agobia, principalmente, a los países proveedores de materias primas, los del Sur  Aquí el prólogo de su propia autoría. 

En el plano económico los años 2001-2005 han sido dominados por las políticas decididas en Washington y Pekín. Las autoridades de Washington enfrentaron la crisis de los Estados Unidos con la puesta en marcha de una política de reactivación: una baja radical de las tasas de interés (que en términos reales se hicieron negativas, lo que ha permitido a las familias estadounidenses continuar endeudándose para mantener su consumo, y a las empresas desendeudarse), una reforma fiscal que favorece el consumo y la acumulación por parte de los ricos, un aumento brutal del déficit del Estado para reactivar la economía, la invasión a Afganistán y a Irak para dinamizar el complejo militar-industrial. 

La entrada de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001 y su apertura a las inversiones extranjeras reforzaron su papel de gran fábrica capitalista del mundo explotando una mano de obra abundante mal pagada, disciplinada y educada. China no se lanzó a la competencia internacional abriendo todas sus barreras: su moneda no es convertible y fijada al dólar cuyo valor es actualmente bajo (lo que aumenta la competitividad de China en los mercados extranjeros). China mantiene el control sobre la entrada y salida de capitales, continúa protegiendo su mercado interior, los inversores extranjeros no tienen libre entrada a todos los ámbitos de la economía (el sector bancario chino sigue en poder de China y perteneciendo al sector público).    

La decisión de las autoridades de Washington de bajar las tasas de interés respondió a problemas de política interna. Esta decisión tuvo un efecto colateral en el plano internacional: aligeró el peso de los reembolsos de la deuda de los Países en Desarrollo (PED) que tienen acceso a los mercados financieros (se trata “grosso modo” de 25 PED entre los que se encuentra China, Rusia, Brasil, México, Venezuela los países del sudeste asiático, Corea del Sur, África del Sur…).

Mientras que las primas de riesgo (el spread) pagadas por los PED para tener acceso a los capitales privados en forma de préstamos estuvieron excepcionalmente altas de 1998 a 2000, comenzaron a bajar a partir de 2001. En 2004-2005, llegaron a alcanzar tasas históricamente bajas. 

Diferentes factores que no analizaré acá han implicado un fuerte aumento del precio del petróleo en 2003-2004. El crecimiento sostenido de China tuvo el efecto de una poderosa succión de aire en un mercado mundial sofocante: el precio de la mayor parte de las materias primas (minerales de hierro, cobre, níquel, combustible…) y de productos semiterminados (acero) ha dado un salto en 2003, 2004 y 2005. China conquistó importantes partes de mercado a nivel mundial (que pasaron de 2,5% a 5,4% entre 2000 y 2004). Las reservas de cambio de los PED han crecido fuertemente (eso ha ocurrido en 101 PED).  

La combinación de bajas tasas de interés, de primas de riesgo en baja y precios de materias primas en alta ha producido un muy grande aumento en las reservas de cambio de los PED.  Las reservas se elevaban a fines de 2004 a 1.600 millardos de dólares (1.600.000.000.000 USD)[1]. Una suma jamás alcanzada anteriormente. ¡Una suma superior al total de la deuda exterior pública del conjunto de los PED! 

El aumento de la solvencia de los principales PED les ha permitido endeudarse (más de 200 mil millones USD de nuevas deudas de 2002 a 2004) emitiendo títulos de la deuda pública y privada sobre los mercados financieros del Norte.  Pese a que ciertos PED se desendeudan parcialmente en el exterior (Rusia, Venezuela, por ejemplo), otros continúan endeudándose fuertemente (Brasil, México… a los que se agrega Argentina después de terminar las negociaciones con los acreedores). Todos o casi todos aumentaron su deuda pública interna.  La actual coyuntura ofrece una ocasión excepcional a los gobiernos de los PED para modificar substancialmente e incluso radicalmente su situación. Es posible llevar a cabo un desendeudamiento.

La China con 600 mil millones de dólares de cambio podría ella sola, si su gobierno autocrático lo desease, modificar la situación internacional a favor de los pueblos de los PED. ¿Qué decir de un frente unido Chino-Ruso frente a los gobiernos de los principales países industrializados? Esos dos países podrían modificar los datos en el plano mundial si tuvieran un proyecto común alternativo.  

Más ampliamente, los gobiernos de una cantidad importante de PED repartidos sobre cuatro continentes (Asia, América Latina, África y Europa Oriental – si se incluye a Rusia como lo hacen el FMI y el BM) poseen provisoriamente la llave del cambio. Son acreedores netos de la principal potencia mundial y de los bancos privados del Norte tomados globalmente. Podrían en principio ignorar totalmente al FMI rembolsándole todo lo que aún se le debe. Podrían crear fondos de asistencia para los demás PED menos dotados que ellos en divisas (comenzando por los 50 “Paises Menos Avanzados”-PMA-) para permitirles eliminar su deuda muy rápidamente (el monto necesario para desendeudar a los PMA es muy poco importante). 

Anteriormente jamás la situación ha sido tan favorable para los países periféricos desde un punto de vista financiero. Y sin embargo, nadie habla de un cambio de reglas de juego. Lo que ocurre es que los gobiernos de China, Rusia y de los principales PED (India, Brasil, Nigeria, Indonesia, México, África del Sud…) no manifiestan ninguna intención de cambiar en la práctica la situación mundial en beneficio de los pueblos. 

Sin embargo, en el plano político, si lo deseasen, los gobiernos de los principales PED, 50 años después de Bandoeng, podrían constituir un poderoso movimiento capaz de imponer reformas democráticas fundamentales en todo el sistema multilateral. Podrían adoptar una política moderada –rembolsar las deudas de manera anticipada con un descuento importante– o una política radical –repudiar la deuda y aplicar un conjunto de políticas que rompan con el neoliberalismo. El contexto internacional les es favorable ya que la principal potencia mundial está empantanada en la guerra de Irak, en la ocupación de Afganistán; se confronta además con muy fuertes resistencias en América Latina que están desembocando en duros fracasos (Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia…) o en un impasse (Colombia). 

Estoy persuadido que eso no ocurrirá: ni el escenario moderado, ni el radical se materializarán a corto plazo. La enorme mayoría de los dirigentes actuales de los PED están totalmente atrapados por el modelo neoliberal. En la mayoría de los casos están completamente comprometidos con los intereses de las clases dominantes locales que no tienen ninguna posibilidad de alejamiento real (sin hablar de ruptura) de las políticas de las grandes potencias industriales. Los capitalistas del Sud  adoptan un comportamiento de rentistas y cuando no es el caso, buscan ganar partes de mercado. Es el caso de los capitalistas brasileros, surcoreanos, chinos, rusos, sudafricanos, indios… que piden a sus gobiernos que obtengan de los países industrializados tal o cuál concesión en el cuadro de las negociaciones comerciales bilaterales o multilaterales. Además la competencia y los conflictos entre gobiernos de los PED, entre capitalistas del Sur, son reales y pueden exacerbarse. La agresividad comercial de los capitalistas de China, de Rusia, de Brasil respecto de sus competidores del Sur provoca divisiones tenaces.  

Solo la irrupción de los pueblos en la escena histórica podría cambiar el curso de los acontecimientos, pero todavía no son visibles signos sólidos de que se marcha en ese sentido.  En los PED, las luchas radicales se sucedieron estos últimos años: Ecuador 2000, Bolivia 2000, Argentina 2001-2002, Venezuela 2002-2003, Bolivia 2003, China 2004, Corea del Sur 2003-2004, Bolivia 2005, Ecuador 2005, Nigeria 2004-2005, Níger 2005… Sin hablar de las luchas de liberación o de resistencia a la ocupación, desde Palestina a Irak pasando por Afganistán. Esos pueblos en lucha dan prueba de un coraje extraordinario. Algunas de sus luchas llevaron a éxitos parciales (Ecuador,  Bolivia, Argentina, Venezuela, Níger…) pero ninguna depasó el marco local o nacional.   

El movimiento altermundialista, el Foro Social Mundial, los Foros Sociales Continentales, las grandes campañas para la anulación de la deuda, contra la OMC, contra la guerra, si bien continúan acumulando fuerza, no son (¿aún?) en medida de hacer converger las luchas y de poner en marcha una estrategia ofensiva capaz de terminar con el neoliberalismo.  Además la coyuntura temporalmente favorable a los PED tiene efectivamente el riesgo de transformarse en 2006-2007. Dos factores fundamentales pueden intervenir en un sentido globalmente desfavorable: primero, la continuación del aumento de las tasas de interés emprendida por los Estados Unidos a partir de junio de 2004; segundo, una reducción de la demanda en los Estados Unidos que repercutirá en China y desde allí, sobre el resto de la economía mundial (en ausencia de una reactivación de la demanda europea o japonesa) llevando a una caída de precios de las materias primas.  Un alza de las tasas de interés combinada con una caída de los precios de las materias primas: es lo que pasó entre 1979 y 1982 y provocó la crisis de la deuda de 1982. Si el alza de las tasas de interés se hace brutal, si los precios de las materias primas vuelvan a entrar en baja y si una serie de PED fuertemente endeudados como Brasil, Turquía, México, Argentina (nuevamente), Nigeria experimentan dificultades de pago…, no se excluye que una nueva crisis de la deuda explote de manera sincronizada.   

La excepcional coyuntura actual demuestra el impasse del modelo neoliberal para los pueblos de los países del Sur.  Según la teoría económica dominante, el desarrollo del Sur está atrasado a causa de una insuficiencia de capital doméstico (insuficiencia de ahorro local). Siempre según la teoría económica dominante, los países que deseen emprender o acelerar su desarrollo deben recurrir al capital externo utilizando tres vías: primera, endeudarse con el exterior; segunda, atraer capitales extranjeros; tercera, aumentar sus exportaciones para obtener las divisas necesarias para la compra de bienes extranjeros que permitan continuar con su crecimiento. Para los países más pobres, se trata también de atraer donaciones comportándose como buenos alumnos de los países desarrollados    

La realidad contradice a la teoría: son los países en desarrollo que proveen capital a los países más industrializados, a la economía de los Estados Unidos en particular.

El Banco Mundial no dice otra cosa: “Los países en desarrollo tomados en conjunto son prestamistas netos de los países desarrollados"[2]

No es cierto que los PED deban recurrir al endeudamiento para financiar su desarrollo. En nuestros días, el recurso a los préstamos sirve esencialmente para asegurar la continuidad de los reembolsos. Pese a la existencia de importantes reservas, los gobiernos y las clases dominantes del Sur no aumentan sus inversiones ni los gastos sociales. Una sola excepción: el gobierno de Venezuela que se opone a las clases dominantes locales y al imperialismo de los Estados Unidos y de la Unión Europea. 

Tarde o temprano, los pueblos se liberarán de la esclavitud de la deuda y de la opresión ejercida por las clases dominantes del Norte y del Sur. Obtendrán con su lucha la implantación de políticas que redistribuirán la riqueza y que pondrán fin al modelo productivista destructor de la naturaleza. Los poderes públicos estarán entonces obligados a dar prioridad absoluta a la satisfacción de los derechos humanos fundamentales.

Notas

[1] Fuente: World Bank, Global Development Finance 2005, Washington DC, Abril 2005, p. 165. A finales de 2004, los PED disponen de alrededor de 1.600.000.000.000 USD bajo forma de reservas de cambio (1.591.000.000.000 $ ver p. 165) a saber más que el total de su deuda pública externa (1.555.000.000.000 $  p. 161). China, Malasia, Tailandia, India,  Corea del Sud, tienen reservas de cambio superiores a su deuda pública externa. Los PED de Asia tomados en conjunto tienen reservas de cambio que representan más del doble de su deuda pública externa (o también 30% por encima del conjunto de su deuda externa - ver tabla p. 161 y 165). Las reservas de Chine solamente representan 7 veces su deuda pública externa.

Para África del Norte y el Próximo Oriente, las reservas de cambio se elevan a 141 mil millones $ mientras que la deuda externa pública se eleva a 127 mil millones $. Las reservas de Algeria se elevan a 41 mil millones $ contra una deuda pública externa de 27 mil millones $.  

[2] « Developping countries, in aggregate, where net lenders to developed countries.” (World Bank, Global Development Finance 2003, p. 13). En la edición 2005 del Global Development Finance, p. 56, el Banco escribió : « Los países en desarrollo son ahora exportadores de capitales hacia el resto del mundo. » (« Developping countries are now capital exporters to the rest of the world.” World Bank, GDF 2005, p. 56).