Cuadernos Nuevo Sur Sudaca

N° 20, abril-junio 2006

Editorial

Como es obvio, la brújula de nuestra publicación es y ha sido el Sur, desde sus antecesoras, comenzando por “Cruz del Sur”, en los ya lejanos años 50 del siglo pasado.  Desde entonces nuestro dogma ha sido buscar en la unión del Sur las soluciones para los pueblos de color que lo habitan, agobiados de problemas rayanos en la tragedia que han sido designados, por facilidad académica, en la palabra subdesarrollo.  

Otro dogma, sustentado por la evidencia reiterada, es el de que sus causantes y beneficiarios principales han sido las minorías privilegiadas blancas del otro lado, del Norte, organizadas comercialmente como empresas capitalistas e institucionalizadas legalmente como Estados, ejércitos y organizaciones multilaterales jurídicas y financieras con poderes de regulación  y dominación inapelables sobre nuestras naciones.   

Por siglos, la población del Sur ha estado entre las garras de la “civilización” de los hidrocarburos, llevada a su opresión más cruel en el siglo XX con el monopolio automotor-petrolero del complejo militar-industrial-informático.  Harto esfuerzo ha costado llevar a las grandes multitudes estas revelaciones, ante su ocultamiento por la enorme maquinaria mediática de los wasps.   

Lo que ocurre ahora en América del Sur, y más allá, en la Central y el Caribe, incluido el Foro Social Mundial de Caracas, parece revelar una apertura inédita, sin precedentes, en la conciencia de las masas, junto con la decisión de actuar contra las causas y los causantes de sus miserias.  Después de tantas esperanzas y tantos fracasos, pareciera un milagro.  Mas no debemos engañarnos: es apenas un comienzo, y el imperio wasp ya lo ha registrado como amenaza a su dominio, y se apresta a reprimirlo violentamente.  

Sin embargo, dos elementos novedosos fortalecen hoy la búsqueda de las salidas hacia el “nuevo mundo posible”, o eutopía –como lo llama en el título de su libro el argentino exmontonero Mario Firmenich-: tierra del bien, de la libertad, de la fraternidad.  Uno es la existencia y la vitalidad del múltiple movimiento mundial que ha dado lugar al Foro Social, ahora policéntrico y en camino hacia su globalización plena, que es una experiencia inédita de unidad en la diversidad de movimientos sociales del planeta en procura de alternativa(s) más humana(s) para toda la sociedad.  

El otro es la evidencia  cada vez más ostensible de que el actual sistema de dominación mundial se aproxima a grandes crisis en sus estructuras medulares, tales como las de producción en su eje automotor-petrolero, debido al agotamiento inminente de su capacidad de extracción de hidrocarburos (tema que genera hoy extensa bibliografía, en la que se destaca la lucidez de Jeremy Rifkin, en especial en su última obra, “La economía del hidrógeno”), o las de regulación monetaria-financiera montada en la dominación del dólar con centro en USA, que acusa inconsistencias y debilidades insostenibles, los tropiezos geopolíticos del Imperio en el Medio Oriente, América Latina y otras zonas en sus intentos de crear un mundo unipolar, o la inmensa crisis ambiental y climática generada por esta “civilización” que amenaza con la extinción misma del planeta como hábitat humano.  Todos estos dramas anuncian la urgencia de cambios radicales en la organización social mundial. Esas necesidades objetivas animan y se conjugan con las movilizaciones de las grandes multitudes.   

América Latina se destaca hoy como escenario vivaz de los conflictos y las búsquedas más intensos y dramáticos.  Por obra de circunstancias harto conocidas, a Venezuela le ha tocado un protagonismo excepcional, lo que ha exacerbado las tensiones internas hasta límites extremos, y la ha convertido en objetivo clave de la agresiva política imperial. No por casualidad el Foro Social nace en Suramérica y acaba de celebrarse en Caracas, lo cual estrecha vínculos y responsabilidades mutuas que deben manejarse con especial tino en esta delicada coyuntura.   

Las intenciones agresivas del Imperio son cada vez más claras, así como su falta de escrúpulos ante los medios que está dispuesto a emplear.  Es claro que hoy no están en su mejor momento sus líderes ni sus disponibilidades para embarcarse en una acción bélica directa contra el país.  Tanto Bush como Blair sufren hoy los máximos índices de rechazo en sus respectivos pueblos, sin hablar del resto de la población mundial, y la complicación de los conflictos que han creado en el área árabe-islámica y que buscan aún exacerbar con Irán les exige y compromete crecientes medios materiales, bélicos y humanos que debilitan sus posibilidades reales  en nuestra región.

 

Paralelamente, el resurgimiento político de movimientos populares de izquierda en América Latina afines en mayor o menor medida al proceso que gira en torno a Chávez, al lado de la extensión de los alcances geográficos y sociales del Foro Mundial, constituye una sólida barrera de contención muy valiosa para los propósitos intervencionistas imperiales.  El crecimiento de la conciencia democrática y la resistencia anti-bélica, ecológica, antirracista en el Norte es un factor clave.  La creación de una genuina integración popular latinoamericana que acompañe, impulse y refuerce su integración energética, económica, monetaria, financiera, científico-tecnológica y cultural, constituiría la garantía auténtica de soberanía plena y de invulnerabilidad para el desarrollo humano sostenible de nuestra región. 

Esto nos sigue sonando a utopía, pero parece bastante evidente que el conjunto de circunstancias novedosas, inusuales, inesperadas que han hecho su aparición ante nosotros, desde el arraigamiento y la fuerza de autoexpansión del Foro Social con toda su heterogeneidad y su capacidad de unidad en la diversidad, hasta el protagonismo inusitado pero perseverante de nuestras grandes masas étnicas originarias hasta hace poco silentes, pasando por las inmensas plebes urbanas excluidas como “ejército industrial de reserva” o “lumpen proletariado”, nos obligan a tomar nota de que en verdad “un nuevo mundo  es posible“ para el SUR y de que está a nuestro alcance, si hacemos lo necesario para construirlo.  

Pero las evidencias más recientes nos muestran que las dificultades no vienen sólo de la resistencia férrea de las oligarquías del Norte a abandonar sus ansias de poder y sus privilegios, sino también de gobiernos y partidos del sur que no se atreven a romper los nexos de subordinación al orden mundial imperante.  Eric Toussaint ha puesto de relieve, en trabajo que reproducimos en este número, cómo, en la coyuntura financiera actual, los países periféricos podrían resolver, con ayuda de China y Rusia, el acuciante problema de la deuda externa, y con ello crear un nuevo sistema monetario-financiero liberado del dólar para siempre y del capital financiero occidental en manos de una casta despótica que usa el FMI y el Banco Mundial como instrumentos de dictadura.  Si a la iniciativa se sumaran los países de la OPEP, con superávits holgados gracias al encarecimiento espectacular del petróleo, y asumieran el euro en vez del dólar como medio de cuenta y de pago para sus cuentas, reforzarían la nueva estructura.   

En América Latina se ha planteado la creación de un Banco Central del Sur como núcleo de un sistema monetario-financiero regional que fortalezca la integración integral; en Caracas acaba de tener lugar el último encuentro de autoridades supremas del área.  Pues bien, aún no se toman decisiones positivas en tal sentido.  Por otra parte, son ostensibles en América Latina las diferencias de posición respecto a las ofertas de integración comercial con Estados Unidos por la vía del ALCA o sus sustitutos, los Tratados de Libre Comercio, frente a los esquemas autónomos de integración que hace mucho ensaya la región.  Desde México, pionero en la opción pro-norteamericana, seguido por los gobiernos de Centroamérica, hasta Chile, Colombia y Perú, se hace visible la influencia de las burguesías y clases políticas que hacen buenos negocios con el Imperio y buscan su respaldo frente a las aspiraciones de los pueblos.  

También en las discusiones de fin de año de la OMC en Hong Kong se pusieron de manifiesto las debilidades de Brasil, India y su grupo de agroexportadores, y de China, ante las propuestas aperturistas para sus servicios y capitales de USA, Europa y Japón, que al mismo tiempo subsidian y protegen su agricultura y sus tecnologías.  Por lo demás, una verdadera maraña de convenios bilaterales se ha tendido desde el centro hacia los países periféricos que se ha convertido en una suerte de superlegalidad transnacional.  

Frente a estas realidades, las fuerzas sociales coaligadas en el Foro Mundial buscan la formulación de una plataforma común de lucha contra los organismos multilaterales de dominación del Imperio, servidores del grupo de los Siete y de las élites que se reúnen en Davos.  El nuevo orden económico mundial requiere la superación del FMI, Banco Mundial, OMC y demás organismos acólitos. Ello es imposible lograrlo por medio de una negociación con ellos mismos o con sus jefes políticos. Tal vez su desconocimiento por parte de un creciente número de países miembros podría ayudar a generar una crisis que obligue a la reformulación del intolerable orden actual, junto con algunas medidas como las señaladas en el orden monetario-financiero.  

En el caso de Venezuela, se ha sugerido la formulación de una ley que rija el conjunto de relaciones económicas internacionales del país, decidiendo en qué organismos podemos permanecer y en qué condiciones, y en cuáles no. De allí vendría el qué hacer ante la Comunidad Andina y su crisis actual, en el MERCOSUR, ante la propuesta Comunidad Suramericana, frente al BID, en la OLADE, en el Parlamento Latinoamericano, es decir, en todos los organismos e instancias que tienen que ver con la integración regional, en búsqueda de una genuina unión popular del sur en el continente.  

Esto vendría a reforzar las acciones concretas y esfuerzos organizativos que realizan trabajadores, campesinos, médicos, maestros, comunicadores, ciudadanos, algunos empresarios públicos y privados para articular movimientos autogestionarios integradores de la nueva sociedad posible que andamos buscando, esta Eutopía que estamos tratando de soñar juntos.