Amílcar Figueroa

Cuadernos Nuevo Sur Sudaca

N° 20, abril-junio 2006

Hacia la verdadera integración

Retos del Parlamento Latinoamericano

No hay duda de que los movimientos progresistas emergentes en América Latina han de constituirse en la razón de ser y principal reto del Parlamento Latinoamericano. Así lo asume el parlamentario Amílcar Figueroa, historiador y “politólogo a la carrera” -no por estudioso de las ciencias políticas sino por activista revolucionario de honda trayectoria-,  a quien le perdonamos la orfandad en que nos dejó como ex Director General de la Alcaldía Libertador de Caracas, solamente porque sabemos que lo hizo por ampliar su radio de acción.

En la Venezuela Bolivariana se comienza a construir un orden social y político favorable al pueblo, un proyecto de emancipación que retoma la idea de integración legada por Bolívar y de otros grandes pensadores y luchadores de nuestra América, como Martí y el Che, bajo los sentimientos de una Patria Grande, que va desde el Río Grande a la Patagonia.

Uno de los retos es impulsar estas tareas desde el Parlatino para decirle no a la globalización del neoliberalismo que incrementa la sumisión del débil por el fuerte, que abren paso al ALCA, al TLC, al Plan Puebla Panamá, a su componente militar desde el Plan Colombia, a una nueva etapa de recolonización por parte del imperialismo yanqui, que en definitiva persigue anexar sus territorios para incrementar su capital.

Impulsar estas tareas es luchar por la vida de nuestro continente, es sembrar el concepto de la nueva independencia de las nuevas instituciones democráticas en nuestro continente, es sembrar la idea de autonomía frente a las grandes potencias para superar unidos el atraso económico a que nos tienen sumidos, mediante planes de desarrollo económicos; es en definitiva refundar la Confederación de Estados del continente bajo el respeto de la autodeterminación de los Estados Nacionales.

Analistas políticos y militares gringos afirman que, además del narcotráfico, el terrorismo y la corrupción, una nueva amenaza está surgiendo en Latinoamérica: el populismo radical que, según ellos, socava el proceso democrático al reducir los derechos individuales.  Está claro que estos “análisis” son una referencia directa al proceso bolivariano, basada en la óptica imperialista conservadora, para la cual las políticas que favorecen a una mayoría popular, con derechos reales a participar y a ser corresponsables, es contraria a la democracia representativa, dominada por minorías elitescas. Y por lo tanto, ve en ese pueblo que obtiene cada vez más poder y conciencia, un riesgo de seguridad para un sistema sustentado en el predominio del mercado neoliberal de las transnacionales, creador de desigualdades.

Pero los expertos en democracia yanqui se quedan cortos en sus análisis, porque lo que está aconteciendo en nuestro país bajo la guía del presidente Chávez, va mucho más allá del populismo tradicional e incluso de las experiencias socialistas conocidas: en Venezuela, las masas, antes carentes de identidad, ahora toman conciencia de sí y para sí, para integrarse activamente en la vida de la comunidad política. Se trata de lo que dijera Simón Rodríguez: “o inventamos o erramos”.

Constituye esto una actualización del concepto de “dictadura del proletariado”, Es el control del poder por la mayoría, muy dentro del espíritu de la democracia, ejercido con la unidad del pueblo con un líder carismático. Se borra así la vieja idea de “vanguardia predestinada”, materializada en la burocracia estatal, concebida como élite representativa del nuevo poder, para darle otro significado: la de colectivo, cuerpo social orgánico conocedor de sus intereses, que por su conciencia y capacidad de movilización puede orientar la organización popular, con sus variados intereses concretos.

No otra cosa es la que ocurre en Venezuela con el chavismo. Las misiones son un instrumento de incorporación de las masas y los cuadros movilizados entre los miembros de la comunidad para su administración y conducción, constituyen, sin dudas, una vanguardia, pero no dirigen: motivan, de manera que la acción nace de las propias masas, las que por ensayo y error conocen sus potencialidades dentro de la vida social. No es por tanto la superestructura ideológica la que genera las nuevas organizaciones y sus relaciones, es la estructura real la que origina aquélla. Justamente, una de las razones del fracaso del llamado “socialismo real” fue la pretensión de imponer una superestructura que no respondía al ritmo real de la organización, conciencia y necesidades concretas de los pueblos.

Sin dudas, el Socialismo del siglo XXI está llamado a ser a futuro el sistema unificador de nuestros pueblos en América; un sistema de igualdad social que respetando la libertad individual, en democracia, respetando las diversas formas de propiedad, garantice la autodeterminación de los pueblos y construya una sociedad de iguales que, como dijo el Libertador, “suministre la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”.  Pero el camino es largo, el imperio acecha, la conspiración continúa; por ello no puede haber descanso para los revolucionarios, de ahí la importancia de fortalecer el proceso democrático y de organizarnos desde las bases.

Los Parlamentos Latinoamericano y Andino son foros de vital importancia para ganar las batallas de la Carta Social de las Américas y concretar todos los proyectos de integración propuestos por nuestro gobierno e impulsados especialmente por nuestro presidente Chávez. Pero además, el Parlamento Latinoamericano deberá trabajar arduamente en los esquemas de integración de nuestra América como son el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), la creación de la instancia parlamentaria del Parlamento de la Comunidad Sudamericana de Naciones; la Propuesta Social y la Carta Ecológica de la Comunidad Sudamericana de Naciones, así como la Integración Energética y Comunicacional Latinoamericana y Caribeña con Petroandina, Petrosur, Petrocaribe y Telesur.

Al Parlatino marchamos bajo la idea y convicción de que tenemos que crear un sistema más perfecto.  Los retos del Parlatino son muchos.  Entre ellos, diferenciarnos del ALCA, que obliga al pago de una deuda externa ya pagada, y que presiona en dirección de nuevos endeudamientos; que concentra el crédito bancario, se apropia del conocimiento, restringe la información veraz, favorece el monopolio de los medios de comunicación, privatiza todas las áreas sociales del Estado: la propiedad pública y social, los servicios públicos y las reservas naturales y científicas de las naciones; incrementa el terrorismo de Estado y la política guerrerista de EU, la violación y negación de los derechos humanos.

Al Parlatino marchamos para impulsar el ALBA, proteger los mercados y la inversiones nacionales de nuestros pueblos, eliminar las grandes desigualdades entre nuestros países, democratizar el crédito bancario; para renegociar la deuda externa, difundir el conocimiento científico, la tecnología y la información veraz; para superar el monopolio y el oligopolio en las comunicaciones y la información, favorecer las democracias participativas, fortalecer el rol social del Estado y la participación ciudadana en sus decisiones e impulsar proyectos como Petro-Caribe, Petro-América, y Telesur.  También para profundizar la integración económica, social, cultural, militar y política de nuestra América y para la creación de un bloque con capacidad de presión y negociación propias, disposición a los acuerdos multilaterales con los diversos componentes de bloques mundiales y con cualquier otra opción que resulte mutuamente ventajosa.

El pueblo debe estar al tanto de este nuevo reto y su significado como preludio para la reelección del Presidente Chávez por la continuidad del proceso, debe internalizar estos sueños de la Patria Grande y luchar por ellos, porque la Patria es América.