Miguel Ángel Núñez

ipiat2000@yahoo.es

El poder y los Consejos Comunales Rurales

marzo de 2006

Publicado en www.soberania.org

El agroecólogo Miguel Angel Núñez, fundador del IPIAT (Instituto para la Producción e Investigación de la Agricultura Tropical) exhorta a la conquista de técnicas agroecológicas como parte del proceso de toma de poder real de las bases rurales a través de los Consejos Comunales, como garantía de independencia y de sustentabilidad ambiental.

Todo poder esta ligado a un proceso de planificación. Nadie debiese accionar sin planificar. Estos procesos se consustancian con el ejercicio del poder. Obvio, el poder no es malo en sí, por el contrario todo pueblo y sociedad necesita ejercer el poder, el poder-servicio.

Uno de los objetivos fundamentales del proceso revolucionario venezolano es el de avanzar y consolidar la participación-poder de todos y cada uno, un poder que llegue efectivamente al proceso de formación del hombre nuevo y a la sociedad nueva como explícitamente lo establece nuestra CRBV.

En nuestro proceso revolucionario se han expresado diferentes formas de poder. Entre ellos tenemos el poder-dominación, que procura mantener y aumentar la dependencia de los demás para aumentar su propio poder.

En algunos sectores sensibles para la defensa del proceso revolucionario como es el agrícola la relación poder-dominación se ha mantenido en estos últimos siete años. Por ejemplo: La Misión Vuelvan Caras en especial su frente agrícola mantiene un excesivo e innecesario uso de agroquímicos o agrovenenos, lo cual además de  alejarnos para superar el poder-dominación, no permite rearmar ideológicamente nuestras fuentes, para avanzar en los exigidos procesos de cambios por nuevos medios y modos de producción que nuestra agricultura nacional exige. Ello nos sigue ocasionando nuevas distorsiones, confusiones, chantajes y variadas medidas intervensionistas inutilizando y limitando los distintos procesos de evolución hacia alcanzar otro tipo de relación de poder, el cual procure eliminar toda esa dependencia para promover autonomía de los dependientes y que estos puedan tener cada vez más poder.  

Las metodologías y el poder. 

Las formas de poder aplicadas a la planeación agrícola nacional también nos proporcionan diferentes tipos de metodologías. Entre ellas tenemos:

Planear para el pueblo: basada en el ejercicio del poder dominación en relación dominante-dominado, sujeto-sujeto. La planeación es autoritaria, verticalista, directiva e intervensionista. El plan es hecho por algunos pocos para que los otros lo ejecuten. Fruto de cúpulas. Las bases no tienen ninguna decisión. Por allí es que hemos oído los tan cacareados planes de siembra sobre la base de un modelo de dominación -y poder tecnológico donde la participación en las decisiones es nula y en la ejecución es impuesta. En esta metodología el plan es más importante que la planeación. Las cifras de inversión y rendimientos de lo que se va a producir, es lo que se resalta, se defiende radicalmente, sin valorar los diferentes procesos discriminatorios implícitos en dicha metodología. Más que elaborar un plan esta metodología lleva hacer una confusa programación;  acompañado de un inusitado despilfarro de recursos; sin objetivos propios por cuanto la planeación agrícola como lo ha concebido la ciencia y tecnología, utiliza los mismos objetivos del mundo entero y sin mirar la realidad. Allí descansan los fracasados planes desarrollistas de siembras con o sin asesorías extranjeras.

Planear con el pueblo: se sustenta en el ejercicio del poder-al-servicio todavía en una relación dominante-dominado. Se da una participación controlada, el pueblo es escuchado, pero no decide. La participación del pueblo es representativa. Algunos entre el pueblo deciden en nombre de los demás. La planeación sigue siendo discriminatoria. El ejercicio del poder al servicio procura mantener la dependencia para mantener el poder. Ceder para no ceder. El objetivo es recuperar el poder inicial. Hay descentralización y no concentración. Esta metodología es reformista, paternalista e intervencionista. El sujeto sigue siendo dominado. Se negocian algunas cosas, se hacen consultas al pueblo se da una cogestión en aspectos secundarios y se práctica una libertad manipulada.

Este tipo de poder en nuestro espacio-momento nacional actualmente se destaca en el caso de la inauditable FONDAFA, institución que ha hecho uso y abuso de las necesidades crediticias de cientos de productores sometiéndoles para la consecución de los créditos a condiciones muy exigentes, específicas y algunas veces coercitivas y condicionantes al relativo éxito de la programación de los créditos y al tiempo de entrega de los mismos. Todo ello, amén de imponerles injustificadamente, la adquisición y aplicación de los agroquímicos direccionados a empresas transnacionales. Es común y aunque el productor no lo necesite, que antes de darle el crédito al mismo, se le descuenta el monto del valor  de los agroquímicos imponiéndoles  la casa donde ha de retirar los agroquímicos.   

Planeación hecha por el pueblo. 

Esta metodología se basa en el ejercicio del poder-servicio, en una relación sujeto-sujeto. Los procesos de planificación son participativos, se usa el poder para aumentar el poder de los que están en la dependencia. Acá es donde sintetizamos el poder que los consejos comunales rurales han de tener cuando están  irrumpiendo en la sociedad venezolana. Son en estos espacios, donde la soberanía agroalimentaria local va hacer elaborada en la co-creatividad; las decisiones se tienen que tomar en co-participación y los compromisos de acción se asumen en la corresponsabilidad. Nadie es objeto, todos son sujetos. Entre los participante hay una relación fraterna, solidaria, NO competitiva NI ambiciosa. Una relación que aflora una identidad común como lo es, el liberarnos del uso de insumos externos y de la dependencia de las transnacionales de los agroquímicos y transgenia.

La participación en los consejos comunales será de creciente participación-poder de nuestros campesinos y campesinas, productores y productores para que a través de esa práctica, sean el fermento de la misma participación-poder.  Esta metodología es transformadora por cuanto además de fortalecer el poder de los dominados no tiene sólo programación y objetivos inventados, sino que se basa en un marco referencial de la realidad de nuestro pueblo, de nuestros productores y productoras. La representatividad es efectiva y legitima, no falseada.

En nuestro proceso revolucionario varios espacios productivos expresan los frutos de esta metódica participativa. Por ejemplo: El Plan Nacional Endógeno de Café y  sus 700 productores hicieron posibles propuestas de políticas públicas hacia el sector café. Varios centros municipales endógenos de café se levantan en el oriente del país con la cogestión entre FEDECAVE y PDVSA. La reciente creación de la Organización de Productores y Trabajadores Agroecológicos de Timotes apoyados por Fundacite-Mérida; La Redes Productivas y  de Aprendizaje en Agroecología que promueve dicha institución. El Consejo Ecuménico en Agroecologia que se está gestando en los paramos andinos para darle respuesta a las perdidas del suelo. El Programa Nacional  de Café Agroecológico donde se debate un amplio proceso de concertación entre distintas instituciones públicas, privadas y cafetaleros. Los tantos productores agroecológicos del occidente nacional apoyados por el IPIAT. Lo recogido por los Calendarios Productivos y nuestra base genética nacional.

En fin distintas experiencias participativas donde se evidencian el ejercicio del poder-servicio hecho por el pueblo en la nueva Venezuela que se construye, marcan la pauta de que no hay vuelta atrás. Es un avance indetenible. Por ejemplo entre otras significativas y dignas experiencias tenemos:  los presupuestos participativos; los comités de tierra urbana, de salud; de deporte; las contralorías sociales; los Ceicos de Aragua; la Universidad Bolivariana de los Trabajadores Jesús Rivero; los procesos de conformación de miles de cooperativas que el proceso revolucionario ha parido; las redes socioculturales y de comunicación alternativas; las mesas técnicas agrícolas de Mérida; las experiencias participativas del INIA –Lara; lo que nos debe brindar la Misión Cultura estas y otras que experiencias que se recogen como fruto del proceso de transformación que se vive en Venezuela, son genuinas expresiones de evolución social hacia la construcción de un nuevo tipo de relaciones de poder. Espacios que han de fortalecerse y ampliarse con la dinámica que le van a imprimir la indetenible conformación de miles de Consejos Comunales que se gestan a lo largo y ancho de Venezuela. Estos están llegando para quedarse, consolidarse y enfrentar la continuidad de las deformaciones del insano poder-dominación establecido. Sobran razones para no permitir que se maniobren y secuestren  la dinámica de gestación que  nuestros consejos comunales nos expresan como parte del ejercicio del poder-dominación. Implicaría, continuar desformando la realidad de la legitimidad revolucionaria y seguir innecesariamente negando lo que nuestro pueblo nos viene exigiendo desde hace siete años. TODO EL PODER PARA EL PUEBLO.

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